5.5.08

Drama. Comedia. Tragedia...


CASSANDRA’S DREAM (EL SUEÑO DE CASANDRA)
Por Faust Camacho

Muchos consideran que el talento de Woody Allen se ha agotado, que ya jamás podrá brindarnos obras del calibre de “Hannah y sus hermanas”, “Delitos y faltas” o “Manhattan”. Los mismos que se apresuran en firmar el certificado de defunción del genial director se han enfrascado en un debate bastante estéril por certificar cuál fue su última gran película. Nosotros preferimos no adelantarnos a los acontecimientos ya que visto lo visto en el 2005, con el estreno de “Match point”, puede que el director de “Bananas” no haya dicho su última palabra.
En sus inicios la comedia se imponía al drama. Ahí quedan para el recuerdo “Toma el dinero y corre”, “Sueños de un seductor” o “El dormilón”, por citar unos ejemplos, pero pronto las sonrisas se mezclaron con las lágrimas. Sus comedias se empezaron a pintar con elementos dramáticos, tal y como evidencian “Manhattan” y “Annie Hall”, y la carcajada se transmutó en llanto. Apareció el drama (“September”, “Interiores” y “Otra mujer”) y entonces, exhibiendo un dominio insultante de ambos registros, Allen culminó auténticas tragedias con tintes cómicos tales como “Delitos y faltas”. Más tarde se atrevió con delirios trufados de fantasía (“Alice”, “La rosa púrpura del Cairo” y “Zelig”), rindió tributo a Bergman (“Desmontando a Harry”), se abandonó a la fiesta del amor (“Todos dicen I love you”), se empachó de Oscar (“Hannah y sus hermanas”), propuso la disección casi definitiva de las relaciones de pareja (“Maridos y mujeres”), nos descubrió los pectorales de Mira Sorvino (“Poderosa Afrodita”), se dejó ir casi de manera imperdonable (“Celebrity”, “Un final made in Hollywood” y “Granujas de medio pelo”) y empezó a dudar si amaba la comedia o la tragedia para acabar desdoblado en “Melinda y Melinda”. Un buen día se dio cuenta que en los Estados Unidos ya no tenía futuro porque no encontraba financiación para sus filmes y se cambió de ciudad para venirse a un Londres babélico e intimidante y darse un baño europeo en toda regla.

MADAGASCAR Y CONSTANTINOPLA
El director de “Zelig” ha sido el gran cronista de Nueva York. Con el permiso de Spike Lee y su excelente e incendiaria “La última noche”, nadie ha podido redactar una declaración de amor tan apabullante y pirotécnica como la que tiene lugar en “Manhattan”. Allen siempre se ha confesado un admirador de París y hasta allí se fue para cantarle al amor a orillas del Sena y darse un atracón de glamour. Y cuando parecía haber encontrado en Londres el entorno perfecto para radiografiar los claroscuros del alma, sabemos que pronto se estrenará “Vicky Cristina Barcelona”, cinta rodada en la Ciudad Condal con, todo hay que decirlo, un título que horroriza un poco.
La mitología también ha estado muy presente en sus filmes. En “Poderosa Afrodita” utilizaba un coro griego como contrapunto a la historia (ya sabemos que Eurípides, Sófocles y Esquilo son algunos de sus maestros). Afrodita, diosa del amor y la belleza, era perfectamente encarnada por una voluptuosa Mira Sorvino, y en su último largometraje aparece Casandra, que en la mitología era hija de los reyes de Troya y sacerdotisa de Apolo y fue la que, nada más y nada menos, vaticinó la caída de Troya. En otra acepción, Casandra aparece como la que enreda a los hombres y bien pudiera ser que Hayley Atwell, por la que el realizador neoyorkino parece sentir una fascinación especial, represente a la hija de Hécuba y Príamo.

MÚSICA, MAESTRO
En esta ocasión, Allen no ha utilizado viejas canciones de ragtime, jazz, Gershwin, Django Reindhart o fragmentos de óperas. Es toda una novedad que la música venga firmada por Philip Glass, el compositor de, entre otras, “Las horas”. También sorprende que haya prescindido de la que parecía su musa londinense hasta la fecha, Scarlett Johansson. Un gran número de actores han rebajado su caché para poder trabajar con el director de “Acordes y desacuerdos”. Leonardo DiCaprio en “Celebrity”, Helen Hunt en “La maldición del escorpión de Jade”, Julia Roberts en “Todos dicen I love you”, Demi Moore en “Desmontando a Harry”, Hugh Jackman en “Scoop”, Hugh Grant en “Granujas de medio pelo” y ahora McGregor y Colin Farrell en “El sueño de Casandra”.
Estos dos enfants terribles (ya se sabe, un escocés y un irlandés) incorporan a dos hermanos que tras comprarse un velero y bautizarlo con el nombre de Cassandra’s dream ven la posibilidad de escapar de su mediocre existencia tras una proposición un tanto dudosa de su tío Howard (inmenso Tom Wilkinson), quien pretende recompensarlos económicamente por borrar del mapa a un tipo que puede comprometer su brillante carrera como cirujano plástico. Y aquí es donde Allen está en su salsa. Puede dar la sensación que sus argumentos son remixes, cuando no sampleados, de lugares comunes (atención al plano en el que Ewan McGregor aparece sentado con el London Bridge al fondo del encuadre, pues parece emular una estampa de “Manhattan”) y situaciones (las similitudes argumentales con “Match point” son evidentes ya que en aquella el personaje principal decidía aniquilar a su amante cuando esta ponía en peligro su vertiginosa ascensión social); que su puesta en escena es mecánica y que bordea la indiferencia plástica y que sus diálogos son menos sutiles y mordaces que antaño. Pero a simple vista, la que puede parecer una película sencilla (que lo es) y poco trascendente (que no lo es) se acaba revelando en un interesante fresco donde se dan cita cuestiones como el crimen y el castigo, la tragedia familiar, el conflicto paternal, el imperativo moral, y donde se cita de manera magistral la dualidad ante lo atroz (sin la pulsión homosexual latente de “La soga”) y se intuyen ecos de la segunda parte de “El padrino” en esa relación tan especial entre el hermano fuerte y el hermano débil que tan bien supieron transmitir con sus actuaciones Al Pacino y John Cazale. Si el crimen queda impune y quien lo urde todo, indemne, puede incluso que Woody Allen le esté mandando un recadito a la administración Bush. Y qué mejor manera de hacerlo que con un filme que arranca con convicción, se sigue con atención y no deja a nadie indiferente.

LA EDICIÓN EN DVD
Las ediciones digitales de las películas del maestro Allen no suelen ser ningún portento y esta, amigos míos, no es la excepción.
Nos llega en su formato panorámico original 1.85 y con las pistas marca de la casa, eso es, castellano, inglés, catalán y euskera 2.0. mono. La calidad de imagen es correctísima y el audio, como de lo que se trata es de poder escuchar los diálogos altos y claros, más que suficiente.
Los extras se limitan al trailer, spots de TV y unas fotografías de rodaje. Además, el dvd viene equipado con audiodescripción y audionavegación para ciegos.

22/05/08 14’95
1 disco
2 zona
título original: Cassandra’s dream
distribuidor: On Pictures
país: USA / UK / Francia
año: 2007
duración: 108 min
actores: Ewan McGregor, Colin Farrell, Tom Wilkinson
director: Woody Allen
imagen: 16:9 – 1.85:1
idiomas / sonido: castellano, inglés, catalán... en Dolby Digital 2.0 mono
subtítulos: castellano, catalán, euskera
Extras
Trailer
Fotografías del rodaje
Spots TV
Audionavegación y audiodescripción para ciegos